Simulacro de evacuación
Dentro
de las actividades programadas en la Semana de la Prevención
de Incendios que organiza el consorcio SEPEI de Cáceres junto
con el apoyo del Instituto de Prevención, Salud y Medio
Ambiente de Fundación MAPFRE y la Asociación
Profesional de Técnicos de Bomberos -APTB-, se ha realizado un
simulacro de evacuación en nuestro centro.
Desde
finales de 2007 todos los centros educativos deben contar con un plan
de Autoprotección que contemple la evacuación del
alumnado en caso de incendio. Se recomienda además que se
realicen, al menos dos ejercicios de evacuación con los
niños/as, uno al principio y otro al finalizar el curso.
Nuestro colegio, siguiendo estas instrucciones, ya había
realizado un ejercicio de evacuación antes de terminar el
curso 2007/08. Sin embargo en esta ocasión ha sido mucho más
atractivo para los niños y niñas ya que, tras salir
ordenadamente de sus clases al sonar la alarma y llegar al punto de
encuentro, en las pistas del colegio, han aparecido un camión
y un coche de bomberos tocando la sirena. Tres bomberos han entrado
en el colegio para localizar el lugar donde estaba el fuego y han
comprobado como las dependencias estaban perfectamente desalojadas y
señalizadas.
Otros
bomberos se han quedado fuera comprobando con el profesorado que se
había hecho el recuento y que todo el alumnado estaba fuera de
peligro.
Tras
finalizar correctamente el simulacro, del que los padres habían
sido puntualmente informados, aunque no sabían el día
ni la hora, los bomberos han charlado con los niños, les han
prestado sus equipos y les han enseñado el funcionamiento de
las mangueras. Además todos los niños y niñas
han recibido un gorro como recuerdo de esta divertida experiencia.
Con esta actividad se pretende que la población en general tenga
conocimientos de autoprotección y, sobre todo, la población
infantil ya que, en primer lugar, los niños junto con los
ancianos son los más vulnerables a los incendios y en segundo
lugar, porque los conocimientos que adquieren los niños en
materia de prevención son muy rentables, ya que además
de incorporarlos en sus hábitos de comportamiento para el
futuro, se convierten en educadores y a su vez en censores de las
actitudes de sus padres y hermanos consiguiendo un efecto
multiplicador en la prevención de incendios.